
La crisis del gobierno nacional no para de crecer, los casos de corrupción, ajustes brutales lo golpearon duramente y cada día que pasa se profundiza la caída, erosionando la esperanza que despertó en algunos sectores sociales.
Con la caída en desgracia de Santiago Caputo y el ascenso táctico de Patricia Bullrich, se reconfigura la mesa chica de Javier Milei. Karina resiste, pero ya no decide sola. La disputa por el control del mileísmo exhibe tensiones profundas: ¿estrategia contenida o grieta familiar?
Política 14/07/2025En la galaxia libertaria, ningún cuerpo gravita sin vértigo. Lo que ayer era un triángulo de hierro entre Javier Milei, su hermana Karina y el asesor estrella Santiago Caputo, hoy es un sistema de poder en colisión.
Caputo cayó, y con su salida se abrió un juego de reposicionamientos que expone las fisuras en la cúpula del mileísmo. La nueva apuesta del Presidente, cada vez más explícita, es Patricia Bullrich. La ministra de Seguridad, relegada durante meses por el "karinismo", volvió a escena con una foto íntima junto a Milei que más que desayuno fue mensaje político: el equilibrio interno necesita otro contrapeso.
Karina Milei llegó a concentrar tanto poder que su figura eclipsó al propio Presidente. "Karina es la que gobierna", se repite en los pasillos libertarios. Su influencia no se limita a la coordinación política: es quien decide quién entra y quién sale, y hasta ahora nadie que haya desafiado esa autoridad sobrevivió. Ramiro Marra y Lilia Lemoine pueden dar testimonio. Pero la caída de Caputo —acusado en voz baja por su cercanía con empresarios sospechados y por disputarle perfil público a la hermana presidencial— marcó un punto de inflexión. Con él se fue la última barrera que mediaba entre Javier y la voluntad omnímoda de Karina.
El Presidente, que evita confrontar directamente con su hermana, eligió otro camino: robustecer a una figura externa. Bullrich no solo conserva buena imagen en las encuestas, también tiene territorialidad, experiencia y apetito. En silencio, Milei ensaya con ella un nuevo equilibrio. La ubica como potencial candidata a senadora por CABA, la recibe en Olivos y la muestra sonriente, en una imagen que imita su propia pose en la tapa de Forbes. No es una ocurrencia: es coreografía del poder.
Pero si Karina observa un intento de recorte a su influencia, no lo deja pasar. Su despliegue en los actos de fuerzas de seguridad, espacio que Bullrich considera propio, es una marca de territorio. Al mismo tiempo, quienes la rodean fogonean el desembarco de Cristian Ritondo —enemigo íntimo de la ministra— como reemplazo en Seguridad, en caso de que el operativo senaduría avance. Es una jugada de pinzas: subirla para correrla.
La tensión entre ambas no es nueva, pero se ha sofisticado. Se toleran por necesidad, no por convicción. Karina no la quiere cerca; Bullrich no olvida que la llaman “montonera” en los chats libertarios. Sin embargo, ambas saben que Milei las necesita: la primera para custodiar la identidad del proyecto, la segunda para contener a un electorado que empieza a mirar con recelo los giros conservadores del Gobierno.
En paralelo, el clan Menem gana terreno, ocupando espacios que antes manejaban los "jóvenes libertarios". Eduardo “Lule” Menem y Sebastián Pareja se convirtieron en interlocutores de peso con gobernadores y armadores provinciales. Karina les delega, Milei los soporta, pero no los quiere. En ese triángulo forzado, Bullrich puede funcionar como la pieza que desarticule un esquema que lo incomoda.
La foto con Patricia también es una advertencia hacia adentro. En la dinámica cerrada del poder mileísta, todo gesto se lee como señal. Y el desayuno no fue gesto menor: fue un modo de recordar que Javier Milei, aunque absorbido por su hermana, aún puede elegir con quién hablar, a quién mostrar y a quién elevar.
El interrogante sigue abierto: ¿es este un juego de roles donde Karina y Javier reparten funciones en tándem, o el principio de una disputa por el corazón del Gobierno? El silencio del Presidente ante el repliegue de Caputo, su tibieza frente al avance del clan Menem y su reciente acercamiento a Bullrich indican que algo cruje. Por ahora, la interna se administra en voz baja. Pero nadie descarta que el conflicto escale si Karina detecta que pierde control sobre la construcción electoral.
La política libertaria, que prometía barrer con la rosca, se enreda cada vez más en ella. En el centro de esa trama, Karina Milei sigue siendo la gran sacerdotisa del armado. Pero el altar ya no es solo suyo. Bullrich vuelve al juego, Caputo ya no juega, y el Presidente —en su soledad— mueve piezas con cuidado. Porque lo que está en disputa no es una lista, sino el timón del poder real.
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