


Una de cada tres familias endeudadas ya no puede pagar sus créditos
La economía argentina acaba de encender una de esas luces rojas que suelen aparecer antes de que los problemas se vuelvan visibles para todos. Mientras el Gobierno celebra la desaceleración de la inflación y exhibe algunos indicadores de estabilidad macroeconómica, los datos del sistema financiero muestran otra realidad: cada vez más argentinos dejan de pagar sus deudas porque directamente ya no les alcanza el ingreso.
La mora en los préstamos personales alcanzó niveles que no se observaban desde hace casi veinte años. Pero lo más significativo no es el promedio general, sino dónde se concentra el problema. Los mayores niveles de incumplimiento aparecen entre quienes tomaron los créditos más pequeños, precisamente aquellos sectores que no se endeudan para comprar un auto, viajar o remodelar una vivienda, sino para afrontar gastos cotidianos como alimentos, medicamentos, alquileres o servicios.
La fotografía es contundente. En los segmentos de menor monto, aproximadamente una de cada tres personas presenta dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras. Es un porcentaje extraordinariamente alto para cualquier economía y revela algo más profundo que un problema bancario: muestra el agotamiento de los ingresos familiares.
Durante años, el crédito funcionó como una herramienta para adelantar consumo o financiar proyectos. Hoy, en una parte importante de la población, cumple otra función mucho menos virtuosa: tapar agujeros. El préstamo bancario cancela la tarjeta. La fintech cubre una cuota atrasada. El adelanto de haberes permite pagar una factura vencida. La deuda deja de ser una herramienta de crecimiento y se transforma en un respirador artificial para economías domésticas cada vez más ajustadas.
Lo preocupante es que el fenómeno ya no se limita exclusivamente a los sectores más vulnerables. Si bien la mora es más elevada entre quienes tienen menores ingresos, los problemas de pago comienzan a extenderse hacia segmentos medios que hasta hace pocos años mantenían una situación financiera relativamente estable. La presión del costo de vida, el deterioro del empleo y la pérdida de capacidad adquisitiva están erosionando la capacidad de pago en prácticamente toda la estructura social.
La situación también empieza a reflejarse en el mundo empresarial. Aunque los niveles de incumplimiento son considerablemente menores que entre las familias, las compañías muestran un deterioro creciente en sus indicadores financieros. Cuando una empresa vende menos, produce menos y cobra más tarde, inevitablemente aparecen dificultades para afrontar créditos, proveedores y obligaciones corrientes.
Desde la economía real, el problema tiene una explicación bastante sencilla. Ninguna familia puede sostener indefinidamente un esquema donde los gastos crecen más rápido que los ingresos. Tarde o temprano se agota el ahorro, luego aparece la tarjeta, después el préstamo y finalmente la mora. Lo que muestran los números actuales es que una porción creciente de la sociedad ya recorrió todo ese camino.
Por eso la discusión trasciende el sistema financiero. El verdadero debate no pasa por la educación financiera ni por la conducta individual de los deudores. La pregunta central es cuánto tiempo puede sostenerse una economía donde el crédito reemplaza al salario como mecanismo para llegar a fin de mes.
La inflación puede desacelerarse, el dólar puede mantenerse estable y las cuentas fiscales pueden mostrar mejoras. Pero cuando una parte creciente de la población necesita endeudarse para comprar alimentos, pagar medicamentos o cubrir servicios esenciales, la economía está enviando una señal que ningún indicador macroeconómico debería ignorar.
Porque la deuda puede postergar los problemas, pero nunca resolverlos. Y cuando el crédito deja de financiar futuro para empezar a financiar supervivencia, la mora deja de ser una estadística bancaria para convertirse en un síntoma social.
Datos clave
• La mora de personas físicas alcanzó uno de los niveles más elevados de las últimas dos décadas.
• En los créditos de menor monto, cerca de un tercio de los deudores presenta incumplimientos.
• El fenómeno se concentra en hogares que utilizan financiamiento para cubrir gastos corrientes.
• Las empresas también muestran un deterioro en sus indicadores de pago, aunque en menor magnitud.
• El principal problema ya no parece ser el acceso al crédito, sino la insuficiencia de ingresos para sostener el consumo básico.


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