


Alquilar en el Norte y Oeste del GBA ya cuesta hasta $1,1 millón por mes
Encontrar un departamento para alquilar en el Conurbano bonaerense dejó de ser únicamente una búsqueda inmobiliaria para convertirse en un ejercicio permanente de supervivencia económica. Los valores siguen creciendo, aunque a un ritmo menor que meses atrás, y hoy conseguir una vivienda implica destinar una porción cada vez mayor del ingreso familiar, especialmente para quienes dependen exclusivamente de un salario.
La brecha entre las distintas zonas del Gran Buenos Aires sigue siendo marcada. El Conurbano Sur continúa ofreciendo los alquileres más accesibles, mientras que el Norte concentra los precios más elevados. Sin embargo, la diferencia geográfica ya no modifica el problema de fondo: sostener un alquiler representa un esfuerzo extraordinario para miles de hogares.
Los valores promedio muestran esa realidad con claridad. Un departamento de dos ambientes cuesta alrededor de $621.000 mensuales en el Sur, cerca de $632.000 en el Oeste y supera los $800.000 en la zona Norte. Cuando la búsqueda apunta a una vivienda de tres ambientes, los números escalan todavía más: unos $849.000 en el Sur, alrededor de $819.000 en el Oeste y hasta $1.123.000 en el Norte del Conurbano.
Si bien el incremento acumulado de los alquileres durante el período analizado fue del 10,6%, por debajo de la inflación estimada del 17,1%, esa desaceleración estadística no se traduce en un alivio para quienes buscan vivienda. El problema ya no pasa únicamente por la velocidad de los aumentos, sino por el punto desde donde parten los precios.
Tomando como referencia un salario registrado cercano a los $2 millones mensuales, un alquiler de dos ambientes consume aproximadamente la mitad del ingreso antes de pagar expensas, electricidad, gas, internet, transporte o alimentos. En la práctica, la vivienda se lleva la mayor parte del presupuesto familiar y obliga a reorganizar el resto de los gastos cotidianos.
Cuando el alquiler desplaza todo lo demás
Ese fenómeno explica otro dato que comienza a repetirse en las administraciones de consorcios: crece la mora en el pago de las expensas. Muchas familias priorizan mantener el contrato de alquiler y postergan otros compromisos para evitar perder la vivienda. El techo aparece como el gasto imposible de resignar.
La presión también impacta sobre el consumo. Con menos dinero disponible después de afrontar alquiler, expensas y servicios, disminuye la capacidad para ahorrar, equipar la vivienda, invertir o sostener otros consumos básicos.
La economía doméstica queda condicionada desde el primer día de cada mes.
En paralelo, el mercado inmobiliario continúa mostrando movimiento. Una parte importante de quienes hoy logran acceder a una vivienda propia proviene precisamente del universo de inquilinos, aunque ese objetivo resulta cada vez más lejano para quienes destinan una porción creciente de sus ingresos simplemente a pagar la renta mensual.
La desaceleración de la inflación puede haber moderado la velocidad de los aumentos, pero todavía no modificó el principal desafío que atraviesa el Conurbano: para miles de familias, conseguir un departamento ya no es el mayor problema. El verdadero desafío empieza cuando llega el momento de pagar el alquiler todos los meses.


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