Kicillof abre sesiones con el Senado en guerra interna

A días de la Asamblea Legislativa, el oficialismo provincial no logra acordar cargos clave en la Cámara Alta. La vicepresidencia primera y el control administrativo exponen la pulseada entre el kicillofismo y el camporismo, con impacto institucional y electoral.

Política 23/02/2026
NOTA

Interna peronista en el Senado bonaerense

 

A una semana de la Asamblea con la que, el lunes 2 de marzo, Axel Kicillof abrirá un legislativo en el que se esperan definiciones importantes del parlamento provincial, el Senado, una de las dos cámaras que lo componen, es escenario de una dura puja de poder entre su sector y el camporismo-cristinismo, que además de inquietantes derivaciones institucionales, confirma que el acuerdo de unidad para por la conducción del partido está lejos de resolver la pelea de fondo entre las dos tribus principales del peronismo en la provincia.

Reducida a sus componentes esenciales, la disputa en la cámara Alta, gira en torno a tres cargos: la vicepresidencia primera del cuerpo, la de la bancada de Unión por la Patria y la titularidad de la secretaría administrativa.

El primero es un sillón estratégico porque quien lo ocupe queda tercero en el orden de sucesión de Axel Kicillof; la Secretaría es la llave que controla la “caja” del Senado -designaciones, contratos, expedientes- una de las más importantes a la hora de explicar cómo se financia la política bonaerense.

La batalla es tan encarnizada que hizo caer la sesión preparatoria del 8 de diciembre pasado, en la que se iban a votar los nombres para los tres lugares, y en los cuatro meses siguientes no se pudo lograr un acuerdo. En el medio hubo de todo: amenazas de judicialización, intentos del camporismo para forzar una sesión en la que imponer sus candidatos a partir de la mayoría que tienen allí en alianza con el insaurraldismo y el massismo (18 senadores contra 6 kicillofistas); una firme resistencia de la vicegobernadora Verónica Magario, que cerró a cal y canto la Cámara. Pero los tiempos se agotan: Magario convocó a una sesión para el jueves. El problema es que los acuerdos todavía no aparecen y nadie descarta que Kicillof tenga que dar su discurso ante diputados y senadores con esta crisis todavía irresuelta. Todo está tan trabado que -cuentan- la Vicegobernadora activó contactos con la oposición en busca del auxilio que no encuentra en los propios, que resultaron infructuosos. No es la primera vez que la feroz interna la induce a probar esa variante: también lo intentó -con conocimiento de Kicillof- cuando se trabó el debate por el Presupuesto, que finalmente se aprobó.

Reconducida al debate interno, la disputa más compleja es la que se libra por la vice. Gobernación se niega a ceder porque prevé un período en el que Kicillof, en plan electoral, deba tomar licencias. Eso le da más relevancia a cargo, porque quien lo ocupe quedará a cargo de la Cámara todas esas veces que Magario reemplace al mandatario.

El camporismo quiere sentar en ese cargo a Mario Ishii y el MDF habría aceptado revisar que su opción sea Ayelén Durán, una senadora alineada con Andrés Larroque. Una posible salida es el bahiense Marcelo Feliú, del MDF, pero no “ultra”. Pero otra vez, aún no hay entendimiento. Una apostilla: Ishii recorre los despachos como si ya fuese el vicepresidente, pese a que la paralización administrativa que impuso Magario impidió hacer el reparto formal.

Tampoco hay nada cerrado para la presidencia del bloque. Sergio Berni funge como la carta del camporismo y hasta ahora lo han dejado correr. Pero no todos están seguros de que tenga el consenso interno necesario. Como fuere, será difícil que el MDF imponga su opción -el exintendente de Alberti, Germán Lago- dado los equilibrios internos. Donde sí parece haber aflojado algo la tensión en el caso de la Secretaría: Roberto Feletti, el exfuncionario de Cristina, que ahora reporta a Magario parece que seguirá en el control de ese resorte financiero clave.

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