


La rosca y los nombres sección por sección

La política no es un mapa, pero tiene coordenadas. Y en la provincia de Buenos Aires, las ocho secciones electorales son algo más que divisiones administrativas: son campos de batalla. Cada nombre que aparece en una boleta tiene un padrino, un objetivo y una cuenta pendiente. El cierre de listas bonaerense no solo definió candidaturas. Dejó en evidencia el reparto de poder real entre libertarios, peronistas y los que todavía no saben si están adentro o afuera del sistema.
Primera: duelo conurbano
En la Primera Sección se da una de las pulseadas más interesantes. Recientemente fue estrenada como la principal región por cantidad de electores superando a Zona Sur del GBA. El libertario Diego Valenzuela, intendente de Tres de Febrero, quiere saltar al Senado y ponerle volumen territorial al mileísmo. Del otro lado, Gabriel Katopodis, ministro de Kicillof y conurbano de cuna, busca consolidar el bastión peronista. Completa Julio Zamora, el alcalde de Tigre, como expresión del massismo residual. Es una pelea de estructuras. Nadie improvisa.
Segunda: moderados al frente
Natalia Blanco (LLA-PRO) lidera la boleta violeta. Enfrente, el peronista Diego Nanni va por la suya, con base en Exaltación de la Cruz. Acá la clave no está en la pirotecnia sino en los consensos. Todos se miden para después. El FIT y el Nuevo MAS, como siempre, juegan al testimonio con nombres que ya conocen los padrones.
Tercera: tierra de hegemonía peronista
En la madre de todas las batallas, Verónica Magario representa la continuidad del poder territorial del PJ en el sur del conurbano. La Matanza no se discute: se ocupa. Pero del otro lado aparece Maximiliano Bondarenko, excomisario con prontuario mediático y aval libertario. La apuesta es clara: instalar el tema seguridad, aunque no tengan chances reales de ganar. En el medio, Pablo Domenichini (Somos Buenos Aires) apunta al electorado desencantado. Del Caño y los suyos, siempre firmes con cartelería.
Cuarta a la Octava: territorio sin cámaras
En la Cuarta, el peronismo pone a Diego Videla frente a Gonzalo Cabezas, el nombre que logró colar el caputismo luego de ser arrasado en el cierre de listas. Pablo Petrecca, intendente de Junín, hace su juego en el armado de Martín Yeza. En la Quinta, Montenegro se postula por LLA-PRO, Raverta juega por el peronismo y se insinúa como figura con proyección.
En la Sexta, el libertario outsider Oscar Liberman se mide contra Alejandro Di Chiara, peronista con pasado en Bahía Blanca. En la Séptima, el apellido fuerte es Ezequiel Galli, exintendente PRO, que vuelve desde la trinchera libertaria. Enfrente, María Inés Laurini (Fuerza Patria) lleva la bandera del oficialismo provincial.
Y en la Octava, La Plata, se juega algo más que seis bancas. Ariel Archanco defiende la gestión local con apoyo de Kicillof. Juan Esteban Osaba, con marca libertaria, busca romper el cerco universitario.
El poder no se plebiscita, se ocupa
Lo que parece una lista de nombres es en realidad un mapa de tensiones. En cada sección, los oficialismos buscan consolidar su control, mientras que los libertarios intentan anclar algo más que performance tuitera. La Legislatura bonaerense es clave para gobernar y negociar. Y eso lo saben todos.
La elección del 7 de septiembre no definirá solamente diputados y senadores. Será la gran encuesta territorial de mitad de mandato. Una medida real de quién tiene base, quién solo es ruido, y quién se acomoda para lo que viene. Porque después de las urnas, sigue la rosca.



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