La Casa Rosada teme una fuga de votos por derecha y sigue de cerca al nacionalismo emergente

Mientras Javier Milei proyecta su reelección, en el oficialismo admiten que el mayor riesgo electoral no proviene del peronismo sino de sectores ubicados a su derecha. Patricia Bullrich aparece como una preocupación interna y comienza a observarse el crecimiento silencioso de un nacionalismo que rechaza el alineamiento automático con Estados Unidos e Israel.
Política 03/07/2026

NOTA

En la política los adversarios más peligrosos no siempre llegan desde la vereda de enfrente. A veces aparecen compartiendo buena parte del mismo electorado. Esa parece ser la preocupación que empieza a instalarse en los despachos de la Casa Rosada, donde ya comenzaron los cálculos para la elección presidencial de 2027. Sin calendario definido y con varios capítulos políticos por delante, el oficialismo observa con atención un escenario que podría complicar la reelección de Javier Milei: la aparición de ofertas electorales por la derecha.

En el entorno libertario admiten que cualquier candidatura ubicada entre el centro y la derecha que compita por fuera de La Libertad Avanza puede fragmentar un voto que hasta ahora aparece relativamente consolidado. La preocupación no pasa tanto por el peronismo, que continúa atravesando sus propias disputas internas, sino por dirigentes capaces de disputar el mismo electorado ideológico del Presidente.

La salida de escena de Manuel Adorni modificó parte del tablero político y dejó al oficialismo concentrado en un objetivo excluyente: preservar la base electoral que llevó a Milei a la Presidencia. Bajo esa lógica, cada movimiento comienza a ser analizado en clave de acumulación o pérdida de votos.

 

La nueva disputa ya no es con el peronismo

Dentro del oficialismo reconocen que una eventual candidatura de Patricia Bullrich por fuera del espacio sería un problema político antes que simbólico. La ministra conserva una buena valoración entre sectores del electorado liberal y de centroderecha, donde muchos la consideran una dirigente firme, aunque menos confrontativa que el propio Milei.

Por esa razón, distintos sectores libertarios consideran indispensable contenerla políticamente hasta 2027. La estrategia consiste en evitar una ruptura que divida un universo electoral que hoy constituye el principal activo del oficialismo.

El caso de Mauricio Macri aparece con otra lectura. En Balcarce 50 creen que el expresidente perdió capacidad de tracción electoral y que el PRO atraviesa una etapa de progresiva pérdida de protagonismo. Aun así, reconocen que cualquier movimiento del exmandatario continúa teniendo influencia dentro de sectores empresariales y de parte del electorado urbano.

Sin embargo, mientras el Gobierno mira con atención esas figuras conocidas, otro fenómeno comienza a desarrollarse con menor visibilidad.

 

Se trata de un espacio nacionalista todavía disperso, sin una conducción consolidada ni una estructura electoral competitiva, pero que empieza a construir un discurso propio. A diferencia del liberalismo libertario, este sector cuestiona el alineamiento internacional casi automático de Milei con Estados Unidos e Israel y plantea una agenda centrada en la soberanía nacional, el desarrollo estratégico y una política exterior más autónoma.

No se trata de expresiones progresistas ni cercanas al peronismo tradicional. Por el contrario, buscan disputar votantes desde una mirada conservadora, identitaria y nacional, diferenciándose tanto del globalismo económico como del alineamiento geopolítico impulsado por la Casa Rosada.

Por ahora su volumen electoral resulta limitado. Pero en política los oficialismos no esperan a que un competidor sea grande para empezar a preocuparse.

En ese contexto, la eventual eliminación de las PASO también forma parte de la estrategia libertaria. En el Gobierno creen que una oposición fragmentada y sin instancia previa de ordenamiento podría favorecer la continuidad de Milei, especialmente si el peronismo mantiene sus divisiones y los acuerdos con gobernadores y aliados logran sostener una mayoría competitiva.

El problema es que la fragmentación no distingue ideologías. También puede aparecer dentro del propio universo libertario. Y si algo enseña la historia política argentina es que los gobiernos suelen perder más votos por las fisuras de su propia coalición que por la fortaleza de sus adversarios. La verdadera incógnita para 2027 quizá no sea quién enfrente a Milei desde la oposición, sino quién decida hacerlo desde el mismo lado del tablero.

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