


¿Se acuartela la Policía Federal? Crece el malestar en las fuerzas de seguridad por salarios y falta de cobertura

Desde ámbitos periodísticos advierten sobre un clima de tensión inédito desde la asunción del gobierno de Javier Milei.
Un fuerte malestar se vive por estas horas en la Policía Federal Argentina (PFA) y en otras instituciones de seguridad, tanto federales como provinciales.
La situación se agravó en los últimos meses debido a salarios que quedaron muy por detrás de la inflación, promesas incumplidas por parte del Gobierno nacional y serias deficiencias en la cobertura de salud para el personal uniformado y sus familias.
Pese a los reiterados anuncios del presidente Javier Milei, de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich y del jefe de la Policía Federal, Luis Alejandro Rolle (o Monteoliva, según corresponda), puertas adentro de las fuerzas crece la bronca y la sensación de abandono.
Efectivos activos y retirados aseguran que hoy “ser policía es sinónimo de pobreza”, y denuncian que deben hacer malabares para llegar a fin de mes.
En este contexto, el periodista Tomás Díaz Cueto encendió las alarmas al referirse a la situación en medios radiales a través de strem. “Se habla de un acuartelamiento de la Policía Federal; ojo con esto”, advirtieron, al tiempo que remarcaron la gravedad del escenario que atraviesan las fuerzas de seguridad.
Según explicó Díaz Cueto, el malestar no se limita únicamente a la PFA, sino que alcanza también a otras fuerzas federales y provinciales, donde el deterioro salarial y la falta de respuestas oficiales generan un clima de creciente tensión.
“Las fuerzas están haciendo malabares para llegar a fin de mes. Hay familias que no pueden pagar alquiler, medicamentos ni tratamientos médicos”, señaló.
Uno de los puntos más sensibles es el sistema de salud, que —según denuncian— se encuentra virtualmente colapsado, con prestaciones recortadas, demoras en autorizaciones y falta de cobertura efectiva para patologías complejas. Esto impacta directamente en el personal y en sus grupos familiares, profundizando el descontento.
Desde distintos sectores coinciden en que “se cayó el relato” y que ya no existen diferencias partidarias a la hora del trato hacia las Fuerzas Armadas y de Seguridad.
“Siguen siendo el último orejón del tarro: blanco de ataques, abandono y desprecio por parte de la dirigencia política”, resumen fuentes vinculadas al ámbito de la seguridad.
Por el momento, no existe confirmación oficial sobre medidas de fuerza concretas, pero el clima interno es de máxima tensión.
La advertencia ya está planteada y el conflicto, latente: si no hay respuestas urgentes, el malestar podría escalar y derivar en una crisis institucional de consecuencias imprevisibles.










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