El Presupuesto avanza entre ATN, obras y votos de Gobernadores

Con los gobernadores como árbitros del poder, el Gobierno se encamina a aprobar el Presupuesto 2026 a fuerza de fondos, promesas y pragmatismo político. Obras públicas, Aportes del Tesoro y un esquema de votación a pie juntillas sellan una negociación donde casi nadie queda cómodo, pero todos juegan.
Política 19/12/2025
NOTA PRESUPUESTO

 Milei juega con precisión sus cartas: recursos

La Cámara de Diputados se prepara para darle media sanción al Presupuesto 2026 y, con eso, regalarle al Gobierno de Javier Milei su primera victoria política de peso tras la reconfiguración del Congreso. No será una foto épica ni un triunfo ideológico. Será, más bien, el resultado clásico de la política real: chequera, urgencias provinciales y un cálculo frío donde nadie cree del todo, pero todos votan.

Las provincias entendieron rápido el mensaje. Después de dos años de presupuestos prorrogados, la consigna que circuló entre despachos fue simple y brutal: es mejor un mal Presupuesto que ninguno. La frase no es elegante, pero ordena. Con cuentas asfixiadas, obra pública paralizada y transferencias recortadas, los gobernadores eligieron sentarse a negociar antes que pararse en la épica del rechazo.

En esa mesa, la Casa Rosada no llegó solo con discursos. Llegó con lo que importa. Obras comprometidas, promesas de coparticipación, guiños regulatorios y, sobre todo, Aportes del Tesoro Nacional. El viejo instrumento discrecional que ningún gobierno resigna y que, en tiempos de ajuste, vuelve a ser la moneda más buscada.

ATN, obras y provincias al límite

Diego Santilli fue el ejecutor visible de esa estrategia. Recorrió gobernaciones, levantó teléfonos y repartió señales. En diciembre, los giros del Tesoro alcanzaron niveles récord para la era Milei. En un solo mes se distribuyó más que en los cinco anteriores combinados. El mensaje fue inequívoco: los fondos aparecen cuando hay votos en juego.

Tucumán, Misiones y Chaco encabezaron la lista de beneficiados. No es casualidad. Son provincias con gobernadores dialoguistas, con bloques propios y con disposición a acompañar la ley de leyes. En paralelo, se esperan transferencias para Catamarca, Entre Ríos y Salta, territorios donde el apoyo legislativo también se negocia voto a voto.

Para la Ciudad de Buenos Aires, la rosca tuvo nombre propio. Jorge Macri logró que se incorpore en el articulado la deuda por coparticipación que Nación mantiene con CABA. El punto había quedado fuera del texto original y generó ruido político. Fue Cristian Ritondo quien aceitó la relación y destrabó el conflicto. En el PRO lo leen como una victoria parcial, pero suficiente para sostener la alianza parlamentaria.

 

El mapa se vuelve más tenso en Córdoba. Martín Llaryora camina sobre una cornisa: déficit creciente en la Caja de Jubilaciones, conflicto con estatales y giros nacionales que no llegan al ritmo esperado. El ninguneo inicial de la Casa Rosada encendió alarmas en Provincias Unidas, que amagó con romper filas. La llamada tardía de Santilli fue una señal de urgencia más que de convicción. En el cordobesismo saben que la negociación sigue abierta y que el margen es corto.

Un Presupuesto sin bisturí

Pero el corazón de la maniobra está en el formato de votación. El oficialismo diseñó un esquema que obliga a tragar el paquete completo. Capítulos que mezclan partidas sensibles con artículos conflictivos. Universidades, discapacidad, salud y cajas previsionales viajan juntos en la misma bolsa. No hay bisturí posible. O se vota todo o se vota nada.

La votación por capítulos, impuesta por el oficialismo, cerró cualquier margen para que los legisladores seleccionen qué apoyar según la conveniencia de sus gobernadores. Es una jugada quirúrgica. Quien rechaza, queda expuesto a cargar con el costo político de oponerse a partidas socialmente intocables. Quien acompaña, acepta también las cláusulas más resistidas.

El resultado de la primera pulseada en el recinto mostró que el Gobierno no tiene una mayoría holgada, pero sí suficiente. Libertarios, PRO, sectores de la UCR y bloques provinciales sumaron los números necesarios para imponer el método. El resto protestó, denunció perversión parlamentaria y quedó, otra vez, en minoría.

El telón de fondo es claro. Milei no gobierna con consenso, gobierna con necesidad. Los gobernadores no acompañan por convicción, acompañan por supervivencia. En ese intercambio crudo, hay ganadores y perdedores. Algunos consiguen fondos, otros apenas evitan el ahogo. Pero el Presupuesto avanza.

La ironía final es conocida. Un Gobierno que llegó prometiendo dinamitar la casta terminó abrazando la herramienta más clásica del poder: repartir recursos para ordenar voluntades. La política, esa que decían venir a destruir, volvió a imponerse. Y esta vez, sin demasiados obstáculos.

Los gobernadores aportan los votos clave para aprobar el Presupuesto a cambio de ATN, obras y compensaciones que alivien cuentas provinciales al límite.

El formato de votación a pie juntillas impide discutir artículos sensibles por separado y fuerza a los legisladores a avalar el paquete completo.

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