Tropitango: trabajadores de seguridad protestaron y dicen cobrar $35.000 por noche

Personal de seguridad y control reclamó mejoras salariales y laborales frente al boliche de Tigre. El monto denunciado puso una pregunta sobre la mesa: cuánto vale realmente una noche de trabajo cuando se suman horas, categoría y convenio.
Región22/09/2026

NOTA 5El número quedó flotando frente a Tropitango en plena noche del sábado: $35.000 por jornada. Es lo que trabajadores que realizan tareas de seguridad y control en el conocido boliche de Tigre aseguran cobrar.

 

Con presencia de representantes de la Unión Personal de Seguridad de la República Argentina (UPSRA), reclamaron una mejora salarial y cambios en sus condiciones laborales. La protesta dejó además una pregunta bastante más grande que la puerta del local: ¿cuánto vale una noche de seguridad?

 

La respuesta empieza por una distinción que suele perderse cuando se habla de boliches. Seguridad privada y control de admisión y permanencia no son necesariamente la misma tarea ni pueden utilizarse como categorías indistintas. El popular "patovica" puede esconder detrás diferentes funciones, encuadramientos y obligaciones laborales.

 

En este caso todavía falta una pieza central: no está documentado públicamente quién emplea a los manifestantes, cuál es su categoría contractual ni cuántas horas comprende la jornada por la que dicen recibir $35.000. Trabajar dentro de Tropitango tampoco significa automáticamente ser empleado directo del establecimiento: podría existir una empresa contratista u otra modalidad de vinculación.

 

Una noche por $35.000: la cuenta detrás del reclamo

 

La escala salarial de UPSRA permite, sin embargo, ponerle contexto al número. Para septiembre de 2026, el acuerdo correspondiente al Convenio Colectivo de Trabajo 507/07 establece un salario básico mensual de $1.037.600 para un Vigilador General. Al sumar los componentes previstos en la escala, la remuneración bruta conformada de referencia para esa categoría llega a $1.791.600.

 

La comparación no puede hacerse simplemente dividiendo ese salario por los $35.000 denunciados en Tigre. Para saber si existe una diferencia con lo establecido convencionalmente primero habría que conocer cuántas horas trabajan, cuántas jornadas realizan al mes, si el monto informado es bruto o de bolsillo y qué adicionales corresponden. También debe establecerse cuál es el convenio efectivamente aplicable.

 

Ahí aparece el verdadero corazón del conflicto. Una cifra por noche puede parecer alta o baja cuando está sola. Cambia completamente cuando se conoce cuántas horas compra, qué descansos existen, cómo está registrado el trabajador y qué derechos acompañan ese pago.

Los manifestantes llevaron además reclamos sobre sus condiciones laborales. La participación de UPSRA coloca la discusión salarial dentro del universo de la seguridad privada, aunque su presencia por sí sola no alcanza para determinar el encuadramiento definitivo de cada trabajador.

 

Tampoco se conoció hasta ahora una posición pública verificable de Tropitango o de una eventual empresa contratista sobre el reclamo, la modalidad de contratación y los salarios denunciados. Esa respuesta resulta necesaria para completar una historia que, por ahora, tiene la voz de quienes salieron a protestar.

 

El caso tiene una particularidad que explica por qué consiguió visibilidad rápidamente. Tropitango es un nombre instalado en la noche de Zona Norte y el reclamo se realizó durante una jornada de funcionamiento. Los trabajadores eligieron el lugar donde su tarea resulta más visible para discutir justamente aquello que normalmente permanece detrás de escena.

 

La protesta no alcanza para describir la situación de toda la seguridad privada de Tigre ni del Conurbano. Sí sirve para ponerle una cifra concreta a una discusión laboral que suele quedar escondida entre luces, música y público.

 

Tropitango puso el nombre conocido y los trabajadores pusieron el número: $35.000. Ahora falta abrir la jornada, el recibo y el convenio. Porque una noche puede terminar cuando se apagan las luces. La cuenta del trabajo empieza justamente ahí.

 

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