Jubilados endeudados: cada vez más adultos mayores vuelven a trabajar para poder pagar sus deudas hoy

Más de cuatro millones de jubilados tienen deudas y 1,36 millón ya recurrió a entidades no bancarias. La mora entre adultos mayores aumentó 157% en menos de dos años y crece un fenómeno que muestra el deterioro del ingreso previsional: personas que regresan al mercado laboral para pagar créditos tomados para medicamentos, alquileres y gastos básicos.
 
Actualidad14/09/2026

NOTA ECONOMÍA Hay jubilados que vuelven a manejar un remís, cuidar chicos, hacer arreglos o aceptar changas después de los 65 años. No necesariamente porque quieran seguir activos, sino porque la jubilación ya no alcanza para pagar medicamentos, alquiler, expensas y servicios. Y aparece una novedad todavía más dura: muchos trabajan para cancelar deudas que tomaron, precisamente, para cubrir esos gastos.

El fenómeno ya tiene escala. Un relevamiento del Banco Provincia indica que más de cuatro millones de jubilados mantienen deudas activas, 5% más que en 2022. Los registros del Banco Central agregan un dato inquietante: 1,36 millón tiene obligaciones con entidades no financieras, el número más alto de los últimos seis años.

La deuda cambió de función. Ya no aparece principalmente para comprar un bien durable o afrontar un gasto excepcional. En miles de hogares funciona como complemento del ingreso mensual. Se pide dinero para pagar la farmacia, cubrir un alquiler atrasado, cancelar expensas o refinanciar otra deuda. Cuando llega el mes siguiente, los mismos gastos vuelven, pero ahora acompañados por una cuota.

La salida hacia prestamistas no bancarios agrava el cuadro. En febrero de 2026, según el BCRA, los proveedores no financieros de crédito operaban con tasas nominales anuales de hasta 144%, mientras las empresas no financieras emisoras de tarjetas llegaban al 87%. Son costos difíciles para cualquier salario y mucho más para un haber previsional deteriorado.

 

Un estudio de la Universidad Nacional de Avellaneda, elaborado sobre datos oficiales, muestra la velocidad del cambio: entre diciembre de 2024 y febrero de 2026 unos 203.000 jubilados ingresaron al circuito de deuda con entidades no financieras. La suspensión de los créditos directos de ANSES dejó, además, menos alternativas reguladas para quienes no consiguen financiamiento bancario.

 

Volver a trabajar para pagar lo que se pidió para vivir

La mora permite ver dónde termina esta rueda. Entre agosto de 2024 y julio de 2026, los adultos mayores con problemas para cumplir sus pagos pasaron de 234.724 a 603.441, según datos difundidos por Banco Provincia. El aumento fue del 157%. En porcentaje, la irregularidad trepó del 2,8% al 6,7%. No son deudas de lujo sino de pura subsistencia.

 

Es una paradoja feroz: cuanto más pequeño es el ingreso disponible, más difícil puede resultar cancelar incluso una deuda pequeña. Para alguien que debe elegir entre pagar una cuota o comprar remedios, $80.000 pueden convertirse en una montaña.

La consecuencia aparece ahora en el empleo. Entre el cuarto trimestre de 2023 y el primero de 2026 aumentó 4,5% la cantidad de ocupados mayores de 65 años. Son unas 27.000 personas más trabajando cuando, por edad, ya podrían estar retiradas. En el Gran Buenos Aires, la proporción pasó de aproximadamente uno de cada cinco adultos mayores a cerca de uno de cada cuatro hacia fines de 2025.

Tampoco vuelven al mismo mercado laboral que dejaron. Durante el cuarto trimestre de 2025, la precariedad alcanzaba al 61,6% de las mujeres ocupadas mayores de 65 años y al 55,6% de los hombres. Aparecen tareas de cuidado, remises, taxis, vigilancia, pequeños oficios y trabajos ocasionales. Experiencia laboral acumulada durante décadas que termina cambiándose por el ingreso que permita completar el mes.

Ahí la discusión deja de ser financiera y pasa a ser económica y política. El programa de Javier Milei puede exhibir equilibrio fiscal, pero una cuenta pública ordenada no garantiza que también cierren las cuentas privadas. Si el ajuste del gasto previsional contribuye al resultado fiscal mientras una parte de los jubilados reemplaza ingreso con tarjeta, financiera o trabajo informal, el costo no desapareció: cambió de bolsillo.

La economía real tiene esa mala costumbre de no aceptar trucos contables. Una factura que el Estado deja de absorber no se evapora. Alguien la paga. Y cuando los ingresos no alcanzan, la familia recorta consumo, vende algo, pide ayuda, toma deuda o busca otro trabajo.

Eso explica por qué el crecimiento del empleo entre mayores de 65 años no puede leerse automáticamente como una buena noticia. Trabajar después de jubilarse puede ser una elección personal, una manera de mantenerse activo o incluso un proyecto. El problema empieza cuando deja de ser una elección.

La jubilación nació para separar la vejez de la obligación de seguir vendiendo horas de trabajo para sobrevivir. Si después de cuarenta años de actividad una persona necesita financiar los medicamentos, endeudarse para pagar la vida cotidiana y volver a trabajar para cancelar esa deuda, la rueda previsional empezó a girar al revés.

El dato más brutal no son entonces los cuatro millones de jubilados endeudados ni el 157% de aumento de la mora. Es la secuencia que esos números describen: cobrar, no llegar, pedir prestado y volver a trabajar. Cuando la vejez necesita crédito para vivir y trabajo para pagar el crédito, el problema ya no está en la tarjeta. Está en el ingreso.

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