Crecen los comité de Myriam Bregman en el Oeste y busca convertir imagen en fuerza territorial

Más de 400 personas participaron de 13 encuentros en La Matanza, Morón, Merlo, Moreno, Ituzaingó y Hurlingham. Con una estructura electoral todavía chica, el espacio de Myriam Bregman apuesta a organización territorial, jóvenes y conflictos concretos para ensanchar su base en el Conurbano.
Universidades24/08/2026

NOTA 4Por Descartes

 

Hay partidos que aparecen cuando llegan las elecciones, como dice Darín en “Nueve Reinas”: están pero no están, son grandes pero no los vez en ningún lugar discutiendo ningún tema si no es superestructura. Pero hay otros que prefieren hacer el trabajo menos vistoso: juntar veinte, treinta o cuarenta personas en un barrio, volver la semana siguiente y tratar de que sean más.

 

Myriam Bregman parece haber elegido ese segundo camino en el Conurbano bonaerense, donde los comités vinculados a su espacio comenzaron a multiplicarse y encontraron en la Zona Oeste uno de sus principales campos de expansión.

El sábado 22 hubo 13 encuentros y más de 400 participantes distribuidos entre La Matanza, Morón, Ituzaingó, Hurlingham, Merlo y Moreno.

 

La cifra no convierte a la izquierda en una fuerza de masas ni altera por sí sola el tablero electoral bonaerense. Pero tampoco es un dato para despreciar: detrás de una estructura partidaria relativamente pequeña aparece una capacidad militante que otras fuerzas, mucho más grandes en votos, hace tiempo perdieron o tercerizaron. O directamente abandonaron.

 

La apuesta tiene nombre y apellido. Bregman construyó durante los últimos años un nivel de conocimiento público que excede ampliamente el peso electoral tradicional del PTS y del Frente de Izquierda.

 

Su exposición en debates, intervenciones públicas, su presencia en lugares mientras una crisis social o laboral está ocurriendo en ese momento y redes le permitió llegar a sectores que pueden valorarla incluso sin votar a la izquierda. Ese es justamente el desafío que ahora intenta resolver su espacio: transformar una muy importante valoración personal y política en organización y, eventualmente, en votos.

 

Del voto ideológico al conflicto del barrio

 

La geografía elegida tampoco parece casual. Los comités avanzan sobre una Zona Oeste atravesada por problemas bastante menos abstractos que las discusiones doctrinarias: despidos, salarios atrasados, precarización, escuelas con dificultades, trabajadores de la salud, jubilaciones, endeudamiento familiar y conflictos ambientales. Es allí donde la izquierda conserva una ventaja histórica: sabe meterse en peleas que rara vez llegan a la televisión nacional o son tenidas en cuenta por partidos mucho más grandes que perdieron iniciativa y militancia comprometida.

 

En La Matanza hubo reuniones en Ramos Mejía, San Justo, Villa Luzuriaga, Laferrere, González Catán, Virrey del Pino, Rafael Castillo y Ciudad Evita, además de nuevas convocatorias en Tapiales, Villa Celina y Villa Madero. También se organizaron encuentros en Morón, Castelar, Haedo, El Palomar, Villa Sarmiento, Merlo, Libertad, Moreno, Ituzaingó y Hurlingham.

 

Y cada lugar llevó su propio problema a la mesa. En Haedo, por ejemplo, participaron trabajadores vinculados al Hospital Posadas, docentes, estudiantes, jubilados y empleados industriales. En Hurlingham aparecieron integrantes de la comunidad de la UNAHur, trabajadores sindicalizados y vecinos involucrados en discusiones urbanísticas. En Moreno, unas 40 personas conformaron el primer comité local con presencia de docentes, auxiliares, trabajadores sanitarios e industriales.

 

En Laferrere confluyeron docentes, estudiantes, vecinos y familiares vinculados a reclamos de justicia. Más al fondo de La Matanza, en González Catán y Virrey del Pino, la cuestión ambiental tuvo peso propio junto con los salarios, la educación y el endeudamiento. También hubo propuestas para recorrer escuelas, universidades, hospitales y espacios públicos.

 

La apuesta por sacar la izquierda de un lugar secundario

 

El objetivo inmediato es alimentar la denominada Marcha de la Bronca, convocada para el 19 de septiembre. Pero detrás de esa movilización aparece una discusión bastante más interesante: cómo conseguir que una fuerza con militancia intensa pero techo electoral persistente pueda hablar con personas que no se consideran de izquierda.

 

Ahí Bregman tiene una oportunidad. Su figura consiguió romper un “techo” partidario: puede ser escuchada por votantes que jamás tocarían una boleta trotskista. Sin embargo, entre simpatizar con una dirigente y acompañar electoralmente su programa existe una distancia considerable. Los comités intentan construir ese puente desde abajo.

 

Por eso también aparece una búsqueda específica de jóvenes, trabajadores de aplicaciones, secundarios y universitarios. Hay campañas en redes, propuestas para TikTok, volanteadas en escuelas y presencia en lugares de trabajo. Incluso surgió la iniciativa de producir material en braille. La vieja militancia de mesa, volante y discusión política intenta convivir con códigos bastante más nuevos.

 

Nada garantiza que esa actividad termine convertida en una avalancha de votos. La izquierda continúa siendo una fuerza minoritaria y Bregman no aparece hoy entre quienes encabezan la carrera electoral nacional. Pero sería un error medir todo exclusivamente con la fotografía de una encuesta electoral. Por otro lado, es también por muchas de las consultoras como la dirigente política más valorada y con mejor imagen positiva. Quizá no sería la más votada, pero como dirigente tiene una valoración positiva muy alta: la clave es militancia y compromiso.

 

Mientras buena parte de la política argentina discute estrategias desde estudios de televisión, consultoras y redes sociales, Bregman está intentando una fórmula efectiva pero olvidada por los quienes se llaman “partidos de masas”: organizar gente en lugares concretos.

 

Puede alcanzar o no. Pero en tiempos de estructuras partidarias tradicionales cada vez más vacías de contenidos, cuadros y dirigentes, el PTS logra reunir 400 personas un sábado frío para hablar de política y problemas reales en el Oeste.

 

No solo bajada de línea de campaña. Hablar del problema concreto de cada lugar y saber como integrarlo en una postura que haga la síntesis. Eso ya constituye, mucho más que una señal simbólica. Es hacer política. Lo que muchos perdieron, la gente del PTS y que sigue a Bregman recuperaron. 

 

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