


Tasas altas y crédito en caída: el equilibrio de Caputo empieza a trasladar su costo a la economía real
El informe de GMA Capital Research muestra el cambio de clima. El S14G6 pasó de rendir 23,8% a 25,5%, mientras los tramos largos alcanzaron 28% y 29%. En los CER el movimiento fue mayor: papeles cortos que tres meses atrás tenían rendimientos reales negativos ahora ofrecen entre 4% y 5% sobre inflación. No es una corrida. Es una señal de que conservar pesos volvió a requerir premio.
La última licitación del Tesoro aceleró el movimiento. Economía debía afrontar vencimientos cercanos a $8 billones y captó alrededor de $12 billones. El rollover rondó el 140% y dejó unos $4 billones adicionales fuera del mercado. Esa absorción secó liquidez y empujó las tasas cortas. Después parte de esos pesos terminó depositada en el Banco Nación y regresó al sistema mediante cauciones. La secuencia cuesta presentarla como ingeniería fina: el Estado retiró pesos y luego tuvo que devolver liquidez para impedir que el costo del dinero siguiera escalando.
Los datos del Banco Central ayudan a dimensionar el problema. La TAMAR de bancos privados se ubicó en 22,875% nominal anual al 30 de julio. Al mismo tiempo, la tasa promedio de préstamos personales superaba el 65% a comienzos de julio. El contraste importa más que cualquier discusión de pizarrón sobre la curva: el sistema remunera el ahorro a una tasa y presta a las familias a un costo varias veces superior. El crédito, además, ya venía perdiendo volumen real.
Entre diciembre y julio, según los datos citados en el relevamiento de mercado, los préstamos personales retrocedieron 5,9% descontada la inflación, las tarjetas 7,7% y los prendarios 5,3%. Una eventual permanencia de tasas positivas no llega sobre una economía con financiamiento exuberante, sino sobre un crédito fatigado, con morosidad elevada y menor capacidad de expansión.
El problema empieza cuando el torniquete se vuelve sistema
Una semana de tasas altas puede ser una corrección. Varios meses empiezan a configurar otra política económica. Si para sostener al dólar el Gobierno necesita mantener escasos los pesos, el costo se transmite al capital de trabajo, al consumo financiado y a la inversión. Una pyme no mide la estabilidad mirando una LECAP: la mide en el descubierto bancario, el cheque descontado, el costo de reponer mercadería y la posibilidad de vender en cuotas.
Existe otro riesgo. La estrategia supone que el mayor rendimiento retiene a los inversores en pesos. Pero una cartera de instrumentos cortos funciona mientras exista confianza en renovarla. Si una porción relevante decide no hacerlo y buscar cobertura en moneda dura, la deuda usada para absorber pesos puede convertirse en demanda de dólares. El problema no es que ocurra hoy, sino que la estabilidad depende de que no ocurra mañana.
A esa fragilidad monetaria se suma una discusión fiscal que abrió un frente político y judicial. El vocero Adrián Ravier reconoció que parte de los recursos vinculados al impuesto a los combustibles queda bajo administración de Economía para contribuir al equilibrio fiscal. El Sistema Vial Integrado tiene recursos con destino específico y la diputada Victoria Tolosa Paz presentó una denuncia para investigar su utilización. Según la documentación incorporada, entre 2024 y mayo de 2026 el sistema recaudó alrededor de $1,503 billones, pero aplicó $394.406 millones a su finalidad, una subejecución estimada en 73,8%.
El dato económico importa tanto como el jurídico. Si recursos cobrados para infraestructura vial quedan en plazos fijos o títulos mientras se posterga el mantenimiento de rutas, el superávit deja de ser sólo una fotografía fiscal. También depende de cuándo el Estado ejecuta obligaciones ya financiadas. No es lo mismo bajar gasto improductivo que diferir inversión necesaria y computarla como fortaleza fiscal.
Caputo enfrenta una encerrona que administró, pero no resolvió. Para contener el dólar necesita que los pesos no sobren; para sostener la actividad, que el crédito no se encarezca; para mostrar equilibrio fiscal, limitar desembolsos; y para evitar que ese equilibrio sea ficticio, ejecutar lo que ya tiene financiamiento específico. Las cuatro condiciones pueden convivir un tiempo, no indefinidamente.
La discusión no es si la tasa subió dos o cuatro puntos. Es qué economía queda cuando la estabilidad necesita dinero escaso, crédito caro, deuda corta e infraestructura financiada sin ejecutar. Se puede comprar tiempo con tasas, bonos o gastos demorados. No se puede comprar crecimiento. Cuando el equilibrio exige cerrar todos los grifos a la vez, la economía real termina preguntando quién paga la cuenta.


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