Se desploman las ventas del sector de indumentaria y el consumo no encuentra piso en la economía argentina

Un relevamiento de la Cámara Argentina de la Indumentaria reveló una caída interanual del 6,9% en las ventas. Ocho de cada diez empresas apuntan a la falta de demanda y apenas una de cada seis espera una recuperación en el corto plazo.
Actualidad28/07/2026

NOTA INDUMENTARIA El consumo sigue enviando señales de alarma. Uno de los sectores más sensibles para medir el humor económico de los hogares volvió a retroceder y dejó al descubierto una realidad difícil de disimular: la estabilización de algunas variables macroeconómicas todavía no logró traducirse en una recuperación de las ventas. La indumentaria, un gasto que suele ajustarse cuando los ingresos pierden poder de compra, volvió a convertirse en un termómetro de esa fragilidad.

El último relevamiento de la Cámara Argentina de la Indumentaria (CIAI) registró una caída interanual del 6,9% en las unidades vendidas durante el tercer bimestre de 2026. Aunque el descenso fue menor al observado en mediciones anteriores, el dato confirma una tendencia que ya supera los dos años de resultados mayoritariamente negativos.

El problema no parece estar en la oferta. El cuello de botella continúa siendo la demanda. El 80% de las empresas consultadas identificó la falta de compradores como el principal obstáculo para sostener la actividad, muy por encima de factores como el financiamiento, los costos o el abastecimiento de insumos.

 

El salario ajusta y el consumo responde

La fotografía empresarial refleja con claridad ese escenario. El 55% de las firmas informó una caída en sus ventas durante el período, mientras apenas el 27% logró incrementarlas y un 18% mantuvo niveles similares al bimestre anterior.

La explicación encuentra sustento en la economía cotidiana. Con salarios que todavía muestran dificultades para recuperar poder adquisitivo y un mercado laboral donde predominan la cautela y la pérdida de empleo formal en varios sectores, muchas familias continúan recortando gastos considerados postergables. La ropa aparece entre los primeros consumos que se ajustan cuando el ingreso deja de alcanzar.

Ese deterioro también impacta sobre la rentabilidad de las empresas. Según la CIAI, el 55% de las compañías no pudo trasladar a los precios ninguno de los aumentos de costos registrados durante el período. Otro 33% apenas consiguió absorber una parte de esas subas y solo una de cada diez logró trasladar más de la mitad. La consecuencia es un margen de ganancias cada vez más estrecho.

Las expectativas tampoco ofrecen demasiado optimismo. El 63% de las empresas considera que las ventas permanecerán estancadas durante los próximos tres meses, mientras que un 22% incluso prevé un mayor deterioro. Apenas el 16% espera una mejora. Dicho de otro modo, solo una de cada seis firmas cree que el consumo puede empezar a reaccionar en el corto plazo.

 

En paralelo, el ajuste también alcanza al empleo. Los despidos representaron el 27% de las decisiones adoptadas sobre las plantillas laborales durante el último bimestre, una participación superior a la registrada en la medición anterior. Aunque crecieron las empresas que optaron por mantener sus dotaciones, la decisión parece responder más a una estrategia defensiva que a expectativas de expansión.

Algunos indicadores operativos muestran una leve normalización. Los niveles de stock comenzaron a equilibrarse y la cadena de pagos exhibe menos atrasos que meses atrás. Sin embargo, esas mejoras responden más al proceso de adaptación de las empresas a un mercado deprimido que a un verdadero cambio de ciclo.

La paradoja del programa económico vuelve a quedar expuesta.

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