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title: "Cientificidio en la era Milei: científicos alertan que el país pierde capacidades estratégicas"
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description: "Investigadores del CONICET, universidades y organismos tecnológicos advierten que el ajuste ya desarma equipos, expulsa científicos jóvenes y paraliza proyectos. La inversión cayó a alrededor del 0,14% del PBI y más de veinte premios Nobel reclamaron frenar el deterioro."
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date_published: "2026-08-14T08:12:00-03:00"
date_modified: "2026-08-14T08:13:34-03:00"
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# Cientificidio en la era Milei: científicos alertan que el país pierde capacidades estratégicas

![NOTA CIENCIA](/download/multimedia.normal.a1ed8f6b7f33ce4d.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)La palabra que eligieron los científicos argentinos es incómoda, pero incómoda: “cientificidio”. No hablan solamente de salarios bajos ni de una protesta sectorial. Describen un proceso de pérdida de capacidades, equipos, jóvenes y financiamiento que puede dejar a la Argentina con menos herramientas para producir conocimiento, desarrollar tecnología y sostener políticas públicas.

Los números ayudan a entender la magnitud del problema. La inversión en ciencia y tecnología ronda hoy entre 0,13% y 0,14% del PBI, lejos del sendero legal que proyectaba acercarse al 1% hacia 2030. Diego Golombek, investigador del CONICET, advirtió que el financiamiento se encuentra entre los niveles más bajos de la historia y señaló que un becario cobra poco más de un millón de pesos, mientras un investigador con años de formación y posdoctorado ronda $1,8 millones.

Raquel Chan, investigadora superior del CONICET y directora del Instituto de Agrobiotecnología del Litoral, puso el foco en lo más difícil de recuperar: las personas. “Estamos perdiendo lo más valioso, que son las personas formadas de edad intermedia y jóvenes”, sostuvo. Becas escasas, ingresos congelados y proyectos sin financiamiento empujan a científicos a emigrar, buscar otros trabajos o abandonar carreras que demandaron años de formación.

Jorge Geffner describió una pérdida salarial de entre 38% y 45% según escalafón y estimó que entre 70% y 80% de las líneas clásicas de financiamiento quedaron prácticamente paralizadas. El cuadro alcanza también a organismos como la Comisión Nacional de Energía Atómica, el INTI y el INTA.

Cuando se pierde un laboratorio, pierde mucho más que un investigador

El daño ya no queda encerrado entre guardapolvos blancos. Ciencia es una vacuna, una semilla resistente, un medidor de energía, una tecnología industrial, un desarrollo satelital, un tratamiento médico o una empresa que transforma conocimiento en trabajo.

Por eso Alberto Kornblihtt habló de una “destrucción por ahogamiento presupuestario”. Denunció que hay alrededor de mil personas esperando ingresos a la carrera de investigador, becas posdoctorales interrumpidas y subsidios que fueron aprobados pero no ejecutados. Para un sistema científico, cortar continuidad es grave: formar un equipo puede llevar una década; desarmarlo puede llevar meses.

La advertencia salió de las fronteras argentinas. Más de veinte premios Nobel firmaron una carta abierta que reclama frenar el desmantelamiento del sistema científico. El documento acumula más de 2.500 adhesiones y enumera pérdida de puestos de trabajo, organismos reducidos o disueltos y programas de investigación detenidos.

La discusión no debería reducirse a si cada organismo puede ahorrar un poco más. Los países que compiten por productividad, alimentos, energía, salud y tecnología invierten porque saben que el conocimiento tarda años en madurar y que después cuesta mucho más comprarlo afuera.

Argentina hizo una inversión enorme formando científicos capaces de trabajar en cualquier parte del mundo. Expulsarlos por falta de salarios, becas o proyectos es una forma cara de ahorrar.

El problema no es solamente cuántos investigadores se van hoy. Es cuántas vacunas, empresas, patentes, soluciones productivas y respuestas públicas no existirán mañana. Un país puede ajustar un presupuesto. Reconstruir una generación científica, en cambio, puede llevar décadas.

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