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title: "Gerardo Molina “ la ilusión digital vale más que el propio jugador de fútbol”"
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description: "En una época donde los algoritmos parecen tener más influencia que los entrenadores y donde un teléfono móvil puede generar más repercusión que una temporada completa de competencia profesional, el caso de Tim Payne se ha convertido en uno de los ejemplos más llamativos —y preocupantes— del fútbol contemporáneo."
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date_published: "2026-06-01T18:36:00-03:00"
date_modified: "2026-06-01T18:37:36-03:00"
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# Gerardo Molina “ la ilusión digital vale más que el propio jugador de fútbol”

**![WhatsApp Image 2026-06-01 at 17.25.06](/download/multimedia.normal.b456f8f9a1d746d1.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)Escritor Best Seller, Profesor emérito en Marketing Deportivo, Comunicación y Branding.**

El defensor de Nueva Zelanda pasó de tener menos de 5.000 seguidores en Instagram a superar los millones en apenas unos días gracias a una campaña viral impulsada por el influencer argentino Valen Scarsini. Lo que comenzó como una experiencia social para convertir al supuesto “futbolista menos conocido del Mundial” en una celebridad digital terminó exponiendo una realidad incómoda: hoy las redes sociales pueden fabricar notoriedad más rápido que el propio deporte. Explica Molina

La pregunta es inevitable: ¿qué representa realmente esa masa de seguidores? ¿Interés genuino por el jugador? ¿Admiración por su carrera? ¿Reconocimiento deportivo? Probablemente no.

La inmensa mayoría de quienes comenzaron a seguir a Payne no conocían su trayectoria, no habían visto sus partidos y difícilmente podrían mencionar en qué club juega o cuál ha sido su aporte a la selección neozelandesa. El seguimiento masivo no nació del fútbol sino del entretenimiento digital. Payne se convirtió en un meme global antes que en una figura deportiva. (El País)

El fenómeno deja en evidencia una distorsión cada vez más profunda dentro de la industria deportiva. Durante décadas la popularidad de un futbolista era consecuencia de su rendimiento. Hoy, en muchos casos, la popularidad puede ser el punto de partida, independientemente de los méritos deportivos. La visibilidad ya no depende exclusivamente de los goles, los títulos o las actuaciones destacadas; depende de la capacidad de convertirse en tendencia.

Paradójicamente, la campaña que buscaba reivindicar al jugador “menos conocido” terminó reforzando una cultura donde importa más el número que la sustancia. El crecimiento explosivo de seguidores fue celebrado como una victoria colectiva, aunque en realidad refleja la volatilidad extrema de las audiencias digitales. Millones de personas pueden seguir una cuenta con la misma velocidad con la que la abandonan una semana después.

Incluso dentro de las comunidades futboleras surgieron cuestionamientos sobre el criterio utilizado para definir a Payne como el jugador menos conocido del Mundial. Varios aficionados señalaron que el defensor posee más de 50 partidos internacionales y una extensa carrera profesional, por lo que la selección estuvo basada más en métricas de Instagram que en la realidad deportiva. (Reddit)

El episodio también expone una tendencia creciente en el deporte moderno: la transformación de los atletas en productos de consumo digital. Los patrocinadores observan seguidores, interacciones y alcance antes que rendimiento competitivo. La lógica comercial comienza a premiar la viralidad por encima de la excelencia deportiva.

No se trata de cuestionar a Tim Payne, quien simplemente fue el beneficiario involuntario de una ola viral global. Tampoco de criticar a quienes participaron del fenómeno. El problema es más profundo: el fútbol corre el riesgo de confundir popularidad con relevancia y exposición con valor. Opina Molina

Mientras miles de futbolistas construyen carreras durante años para ganar reconocimiento dentro de una cancha, las redes demostraron que una tendencia viral puede alterar completamente la escala de visibilidad en cuestión de horas. El caso Payne será recordado no por un gol decisivo ni por una actuación histórica, sino por haber demostrado hasta qué punto el fútbol moderno puede ser moldeado por los algoritmos.

Quizás el verdadero protagonista de esta historia no sea Tim Payne, es una sociedad digital que ya no sigue necesariamente a quien juega mejor, sino a quien aparece primero en la pantalla. Concluye Gerardo Molina

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